Desde la Orilla del mar Si lo reconocen, de seguro se hubiera evitado.

“Cometer un error y no corregirlo es otro error”, Confucio.

J.J. RUBIANO

A mí, como a muchos colombianos – de eso no me queda duda- los muertos, desmanes y acciones de vandalismos como consecuencia de la muerte del abogado a manos de miembros de la Policía Nacional, se hubiesen podido evitar, solo si el gobierno casi de manera inmediata reconociera que su muerte sí fue obra de un mal procedimiento de los miembros de la institución.
Ese solo hecho de reconocer un asesinato evidenciado por los videos conocidos, hubiese evitado lo que después aconteció.
No es un secreto que desde hace mucho tiempo a los miembros de la institución se les perdió el respeto por parte de la ciudadanía y todo como resultado de la prepotencia y abuso que se estaba cometiendo en contra de la población. Abusos que, aunque fueron evidenciados, nunca fueron sancionados de manera ejemplar, lo que “envalentono” a sus miembros que quedaron convencidos que tenían vía libre para sus actuaciones.
“Podían accionar como quisieran que no iba a pasar nada”.
Y fue ahí cuando la comunidad comenzó a tener más “miedo” que respeto cuando veía uno de sus integrantes.
La gran pregunta es: ¿Por qué desde la institucionalidad, llámese gobierno o dirección de la policía y con tantas pruebas no se reconoció de inmediato la responsabilidad de los agentes y simplemente se le dijo al país que habían sido “temporalmente” retirados del servicio, enviando así un mensaje de encubrimiento a un hecho tan delicado?
Y es que el gobierno sabía que esto podía pasar y que negar o tratar de ocultar lo que era tan evidente se convertiría en el florero de “Llorente”, pues entre los colombianos hay un estado de desazón por el manejo que se le viene dando al país.
No hay que olvidar que desde octubre del año anterior las protestas se iniciaron y se venían incrementando, suspendidas, pero no olvidadas por la pandemia, originadas por lo que muchos consideran un gobierno sin rumbo u horizonte.
Además, hay que decir que el colombiano del común, perdió confianza en el gobierno que parece que cada día está más alejado de sus promesas hechas en campaña, lo que se evidencia cuando trata de imponer a la fuerza el fracking, explotar la minería en los páramos, subir los impuestos, utilizar el glifosato para la erradicación de los cultivos ilícitos, cumplir con los acuerdos de la Habana o la lucha contra la corrupción, solo por nombrar algunas de sus promesas de campaña.
Además, eso de gobernar con el “retrovisor” no seduce ni cala en la gente, pues no tiene sentido que dos años después de estar en el poder todavía se responsabilice a ese gobierno de todo lo malo que pasa hoy en Colombia.
Colombia y los colombianos siguen esperando, al igual que la comunidad internacional, respuestas por las muertes de los líderes y por las recientes masacres y no el consabido y retorico discurso de responsabilidad del gobierno Santos. Ese cuento ya no se los está comiendo la gente.
Lamentablemente este gobierno no ha sabido distinguir la línea entre lo bueno y lo malo, y por su interés partidista de autoritarismo, se niega a cambiar la estructura.
Una prueba de ello es la “silla vacía” de ayer en un acto de perdón y reconciliación
Hay que actuar y hacerlo ya, porque de lo contrario la nación puede estar abriendo las puertas a un estallido social sin precedentes en su historia.

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