Desde la orilla del Mar – Por J.J. Rubiano

No cambiamos, un virus nos cambio

J.J. RUBIANO

No cabe duda que el mundo fue uno antes del covid-19, y será otro después que se logre controlar la pandemia, ese microscópico coronavirus, que hoy tiene en vilo al mundo entero por los estragos que viene causando en los humanos.
Sin lugar a dudas estamos entrando a un nuevo mundo que no conocemos y mucho menos no sabemos cómo será.
Ese es uno de los factores que a mi modo de ver han generado el pánico en la población mundial, incluyéndonos a los colombianos.
Hoy con esta pandemia, cuyos resultados son una verdadera incógnita, lo único que nos debe quedar claro es que en este mundo todos somos iguales. El virus nos igualo a todos, los que tienen el poder y los que no, los que tienen dinero y los que somos pobres, los que se jactan de tener influencias y los que no las tienen, los de arriba y los de abajo hoy tenemos el mismo nivel, pues el virus no entro en distinciones.
Este virus dejo al descubierto las falencias que tenemos en el país. Es cierto que lo mismo paso en países más desarrollados, porque la verdad nadie en el mundo estaba preparado para esto.
Por ejemplo, en Colombia hoy nos damos cuenta que nuestro sistema de salud muy seguramente va a colapsar cuando la curva ascendente llegue a su tope. Esperemos que no sea así.
No es una crítica, porque no es el momento de hacer criticas ni buscar responsables del bajo nivel de nuestro sistema de salud, antes, por el contrario, es el momento de unirnos en solidaridad para salir todos adelante.
Hoy lamentamos en silencio, que billones de pesos en los últimos años se hayan priorizado para ser invertidos en armas y no en salud, educación o investigación. Ya no podemos llorar sobre la leche derramada, pero si nos debe servir como experiencia para el futuro.
Nos llegó el momento de cambiar el yo, por el nos. Porque nos toca ser solidarios con todos nuestros semejantes, nos toca ser amables con el medio ambiente, nos toca ser tolerantes y buscar el dialogo y no la confortación.
Hoy nos dimos cuenta que un médico, una enfermera o enfermero, un miembro de la Cruz Roja, un médico infectólogo o un científico, tiene mucho más valor que un arma bélica o la construcción de un palacio para practicar deportes.
Nuestro aporte -si en verdad amamos a los que nos rodean- es quedarnos en casa y atender todos los protocolos que nuestros gobierno local y nacional ordene.
La vacuna contra el coronavirus o covid-19 ya existe y esta inventada. Hace muchos años que la tenemos a nuestro alcance; no abra la puerta de su casa.
Que nos queda; nos queda esperar que esta pandemia no se ensañe con la humanidad y la podamos controlar, pero lo más importante, pedirle a Dios –cualquiera que sea su idea de él-, que nos mire con ojos de piedad y nos arrope con su manto sagrado.
Nos equivocamos con nuestro proceder, sí la verdad nos equivocamos, y tenemos que reconocerlo para que en adelante podamos ser mejores seres humanos.

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