A Marialabaja está volviendo el miedo y reina el silencio.

Los lugareños dicen que están llegando, al casco urbano y a los corregimientos, hombres en motos y en lanchas a hacer recorridos y hacen que la gente se recoja antes de las diez de la noche.

Los habitantes del municipio de Marialabaja aseguraron que el miedo está volviendo a las calles de esa población del norte de Bolívar.

Guardando la reserva de sus nombres, aseguraron que, desde hace unos ocho meses, al casco urbano y a los corregimientos están llegando unos hombres desconocidos, quienes se movilizan en motocicletas y en lanchas. Estas últimas, después de cruzar la ciénaga de Marialabaja, atracan en el sector El Puerto, y sus tripulantes desembarcan, para luego aprovisionarse de motos.

De acuerdo con la información que dieron estas personas, los desconocidos, preferiblemente después de las 10 de la noche, recorren las calles del pueblo, a manera de “patrullaje”, y a quien encuentren caminando o parado en las esquinas, lo interrogan y hasta le revisan los documentos.

Estos recorridos, según los denunciantes, se vienen desplegando de lunes a jueves, mientras que los fines de semana los desconocidos regresan, pero para asesinar a alguien. Sin embargo, aún no se sabe quiénes son esas personas ni de dónde vienen.

“Desde las épocas de la desmovilización de grupos armados, este pueblo había vivido unos 16 años de tranquilidad, con uno que otro acto de delincuencia, de esos que nunca faltan. Pero ahora, vemos que ya hay grupos no identificados que quieren instalar una especie de autoridad”, contaron los pobladores.

Agregaron que los sectores más críticos están en la periferia del casco urbano, como Alto Prado (Marica el último), Chumbún, La Invasión y El Silencio, donde hasta el momento han asesinado a diez personas y dos resultaron heridas durante distintos ataques.

Una parte de los lugareños presume que se trata de enfrentamientos, por dominio de terrenos, entre bandas de microtráfico, “pero lo que no sabemos es por qué se dedican a interrogar y a exigir documentación al que vean por la calle después de las 10 de la noche. Eso nos hace creer que alguien, detrás de esos grupos, está tratando de imponer un control en el pueblo”.

Manifestaron que la mayoría de las personas que han caído bajo las balas de los desconocidos tenían antecedentes judiciales, como lesiones personales y hurtos en fincas o atracos en el casco municipal.

“No obstante –prosiguieron–, este es un tema que nadie se atreve a llevar ante las autoridades, porque en la medida que uno denuncie está poniendo su vida en riesgo, porque es probable que lo dejen solo. Por eso el silencio es lo que está reinando. Aún así, queremos que la Policía y la Infantería de Marina tomen cartas en el asunto”.

Otros sectores de la comunidad aseguran que los panfletos amenazantes que se han distribuido por el pueblo en las últimas semanas, son otro aspecto del mismo fenómeno, como también unos cuantos desplazamientos a nivel de corregimientos.

“En los corregimientos de Florido y Colú se han desplazado unas ocho familias –informaron–. Esta situación queremos ponerla en conocimiento de las autoridades, para que no tome fuerza, como en el 2000, cuando se nos metieron los grupos armados ilegales. Nadie decía nada y, cuando vinimos a ver, ya se habían apoderado del pueblo. Cada vez que aparece un panfleto, lo identifican con varios nombres, y al fin no se sabe quiénes son los que están sembrando el miedo. Pero cuando uno lo dice en un consejo de seguridad, las autoridades creen que es mentira”.

Al respecto, la alcaldesa de Marialabaja, Raquel Sierra Cassiani, contó que cuando comenzó su trabajo de resocialización de jóvenes en riesgo, recibió informaciones, de parte de esos jóvenes, según las cuales a los corregimientos llegaban hombres en moto procedentes de San Pablo, Arjona, Palenque y Cartagena, pero, aparentemente, en busca de parranda.

“Pero –añadió–, casualmente, los homicidios que han ocurrido últimamente los están cometiendo hombres en motos, y no sé qué es lo que está sucediendo. Viendo el informe oficial de la Policía y de la Armada Nacional, me aseguran que se trata de delincuencia común. Sin embargo, la gente del corregimiento de Playón dice que hay unos señores que llegan en la noche y ordenan cerrar o abrir las tiendas. No me consta, lo dice el pueblo”.

Según la alcaldesa del municipio de Marialabaja, recientemente la Armada Nacional puso una subestación en Playón y no se ha sabido más de las personas que llegan en la noche a dar órdenes, “pero en Marialabaja todo está controlado, porque impusimos la ley seca y el toque de queda. Así que las personas que han sido asesinadas son la señal de una vendetta entre microtraficantes, según me informan desde la Policía y la Armada Nacional”.

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