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UNA SEMBLANZA Y DOS ANÉCDOTAS – Por Israel Díaz Rodríguez

La Doctora Patel era una criatura digna representante de su raza, nacida en la INDIA,  vino a los Estados Unidos como muchos de nosotros, con el propósito de especializarse en una rama de la medicina; pero como todo extranjero en dicho país para poder acceder a una plaza en cualquier especialidad, había que aprobar el examen para todo extranjero o sea el EMCFG….era menudita, de piel oscura con facciones finas.

Al decir verdad, no llegue a conocerla como a los otros internos que hacíamos el INTERNADO  en el Hospital SANTANA, y no llegué a conocerla como creo también que le sucedió a los demás internos, porque nunca se sentó a la mesa con nosotros, siempre estaba – o fingía – estar ocupada en el servicio que le correspondía en la rotación, y muy pocas veces por no decir ninguna, le pude escuchar su voz, solo supe que hablaba además de su idioma nativo, el inglés en forma perfecta con acento de los nacidos en Inglaterra.

Si era casada, separada, divorciada  o solterona, tampoco pude saberlo, pues como ya lo dije, su roce con el resto de médicos que hacíamos el internado, era si acaso, el de encontrarse accidentalmente en algún pasillo del hospital; lo que si aseguraban con certeza, era que no comía carne de res ni de cerdo, que su alimentación básicamente era de vegetales y eso en cantidades muy pequeñas.

Un colombiano de apellido Muñoz, nativo del interior, se distinguía por su comportamiento  esquivo, no se reunía con todos los colegas, asistía puntualmente a las reuniones convocadas por el jefe de internos el Doctor Anthony Francona un patriarca que nos trataba como si fuéramos sus hijos. Quiso Muñoz, y lo logró sentar un precedente en cuanto el contrato que todos habíamos firmado al comenzar en el hospital, esto era, de doce meses, un año, él había comenzado en el mes de Enero.

Llegada la media noche del mes de Diciembre, cuando se anunciaba el comienzo del nuevo año, nuestro coterráneo se quitó el uniforme, se vistió con su ropa de calle, empacó todos sus haberes en una maleta y se fue del hospital; a esa hora no estaba ninguna oficina de los directivos abierta, entonces para dejar y justificar su abandono, dejó una carta en la cual fijaba muy claras las razones por las cuales se iba; siendo su firme argumento, que el contrato que había firmado, decía que era por un año, de manera que al haber entrado como interno el primero de Enero, ese año se cumplía, justamente a las doce de la noche  y un minuto del mes de Diciembre que había llegado el final de su contrato.

Otro caso muy curioso que despertó muchísimos comentarios y hasta puso a pensar a las autoridades del hospital, fue el del interno Eloy Moscoso natural de Bolivia, había en uno de los servicios del hospital, una monja que trabajaba como enfermera en el servicio de Medicina Interna, su trabajo le imponía turnos nocturnos mas como vigilante de las enfermeras, SISTER Henry que así le llamaban, era alta, esbelta, de piel rosada, rostro bellísimo que sin maquillaje alguno llamaba la atención de todo el que le mirara, pues Moscoso se enamoró perdidamente de la monja y una noche que coincidieron en el turno, se le declaró a la religiosa.

EL asunto llegó a la jefatura de los internos por denuncia que la Madre Superiora  hiciera,  el Doctor Francona sometió el denuncio o más bien la queja, a consideración del cuerpo directivo del hospital, a Moscoso lo llamaron para que manifestara su falta y hasta se excusara, pero este de manera altiva, sin pensar que podría ser expulsado del hospital, les manifestó que él solo había actuado como un hombre ante una mujer,  que reconocía que ella estaba revestida de monja, pero que él era un adulto, mayor de edad y soltero por lo tanto no consideraba que había cometido ninguna falta grave.

A Moscoso no lo expulsaron, solo le advirtió el Doctor Francona, que dejara a Sister Henry  quieta ya que ella había hecho sus votos perpetuos y no podía corresponderle, que pusiera sus ojos en otra mujer de las tantas que había allí en el hospital y en la calle.