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Ciudadanía y corrupción – Por ANÍBAL CHARRY GONZÁLEZ

La investigadora de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) Cristina Bicchieri, quien estuvo por estos días en nuestro  país para participar en el foro organizado por la Procuraduría General denominado: “Responsabilidad ciudadana y lucha contra la corrupción”, se preguntaba que si la corrupción era rechazada por la sociedad, porqué terminaba siendo aceptada como un modo de vida y hasta justificada convirtiéndose en una verdadera práctica social que invadía todos los estadios de la sociedad, donde ser corrupto es lo normal y ajustado a nuestros patrones de comportamiento como ocurre en Colombia, y auténticos bichos raros los que optaban por la decencia y la transparencia en el obrar.

Pues bien: no se necesita ser muy perspicaz para arribar a la conclusión de que esta paradoja de la ciudadanía de rechazar la corrupción pero aceptándola como práctica cotidiana, es la consecuencia de la política del todo vale para la obtención de la ganancia y el lucro, a tal punto de que los más grandes corruptos de la administración pública que son los que se dedican al ejercicio de pervertir la política, son vistos como verdaderos hacedores de riqueza por parte de la ciudadanía que termina aceptando su vitando comportamiento no obstante rechazar  la corrupción, admitiendo  para elegirlos y reelegirlos en los cargos públicos, que no obstante ser consumados ladrones que posan de decentes, roban pero hacen y por eso  justifican sus fechorías que tanto mal causan a la sociedad.

Es la aceptación, como bien lo afirma la investigadora de marras de la corrupción por parte de la ciudadanía como algo normal que todo el mundo  hace, al punto que si no se acepta un soborno, se pierde la oportunidad de lucrarse con la corrupción, porque otro terminará aceptándolo, justificando de esta manera que si no nos dejamos llevar por ese nauseabundo turbión,  no podremos sobrevivir en un medio donde además los corruptos son ensalzados por la misma sociedad que les brinda reconocimiento y homenajes mientras dispensen beneficios producto de la corrupción, como ocurre en nuestro medio regional donde la ciudadanía sí que aplica la política desviada  de que roba pero hace, generándose un efecto devastador en toda la sociedad que termina aceptando la corrupción como modus  vivendi.

Y así estamos en Colombia donde el mal ejemplo de los ladrones de cuello blanco cunde por conveniencia en la ciudadanía, sin posibilidad de que aparezca una persona con liderazgo que se pueda convertir en tendencia para inducir el cambio y en un buen modelo a seguir donde se deje de ver como una amenaza como ocurre en nuestro país a quien quiera hacer las cosas con legalidad como lo destaca  la investigadora, que llegó a este laboratorio de torcidos e ilegalidad donde es casi imposible reivindicar valores sociales con el ejemplo que dan nuestro dirigentes políticos como redomados  ladrones, que saben que la ciudadanía termina aceptando su sucio y delictual comportamiento, premiándolos además con el voto para que sigan asaltando el erario  robando pero haciendo, como ocurrirá salvo contadas excepciones en las próximas elecciones, avalando de esta manera la ciudadanía la plaga de la corrupción.